De media, una familia destina cada año 4.500 euros en la cesta de la compra. Apostar por los cereales, las patatas, los huevos y los productos congelados es la mejor forma de economizar y llevar una dieta saludable. Si opta por las marcas blancas puede ahorrar hasta un 25 por ciento más.
Acabamos de darle la bienvenida a 2009 y los buenos propósitos se han quedado relegados a un segundo plano por la temida crisis. Si ya de por sí el año nuevo viene con una subida de precios debajo del brazo en la luz, el agua y los transportes, la alimentación tampoco se queda exenta. En torno a una cuarta parte del presupuesto familiar se va en la cesta de la compra. Para un hogar español medio, eso supone alrededor de unos 4.500 euros al año. Los consumidores son unánimes: llenar el carro de la compra cada vez cuesta más dinero. Frutas, verduras, carne, pescado, lácteos...
La lista es interminable y no podemos prescindir de ellos. Aunque parezca difícil, se puede ahorrar. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) asegura que sí es posible hacerlo sin privarse de nada, siempre y cuando se escojan las alternativas más económicas y se seleccionen los productos con los mejores precios y en los establecimientos donde se venden más baratos.
En muchos casos, el problema radica en si todo lo anterior significa renunciar a seguir una correcta nutrición. A este respecto, Emma Ruiz Moreno, técnico de nutrición y miembro de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), recomienda apostar por «la base de la dieta mediterránea como los cereales, las patatas y las legumbres. Al margen de ser muy nutritivos y ricos en hidratos de carbono complejos, ayudan a equilibrar el perfil energético, son fuente de fibra y muy económicos».
La ventaja que tienen este tipo de productos es que con ellos se pueden preparar platos únicos, cargados de nutrientes, muy económicos y perfectos para combatir el frío. Algo similar sucede con los huevos, un producto «de gran poder nutricional y proteínas de mayor valor biológico. Destaca su aporte en vitamina A y otras como tiamina, riboflavina, niacina, ácido fólico y B12. En cuanto a los minerales, son muy ricos en hierro. Poseen, grandes propiedades culinarias, se puede preparar de distintas formas y están aceptados por todos los grupos de población», dice Ruiz.
El secreto está en la cocina
No sólo conviene mirar el alimento que se compra, sino cómo se prepara, ya que en función de la opción culinaria que se emplee también es posible ahorrar. «La fritura es una técnica mucho más cara que el vapor por la cantidad de aceite que se emplea. Además resulta más sana la comida al vapor, hervida o a la plancha. Hay que tener en cuenta que la cocción mantiene muy bien los nutrientes», matiza Marta Guarro, nutricionista y miembro del Departamento de Nutrición de Unilever. Retomar la cocina tradicional y dejar a un lado las grandes exquisiteces también supone una alternativa a tener en cuenta, ya que optar «por alimentos frescos y de temporada puede ahorrarnos dinero y calorías. Por ejemplo, una salsa para la pasta a base de tomate, cebolla y aceite es más barata que si queremos darle un toque con bacon o chorizo», añade Guarro.
El poder de las marcas
Con la subida de los precios, las marcas blancas ganan terreno con el fin de ofrecer a los consumidores las mismas prestaciones que los originales, pero con rebajas sustanciales. Según la doctora Rosa María Ortega, catedrática de Nutrición de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, «son una alternativa a considerar en función de nuestros gustos y recursos, pero habría que conocer la composición exacta». En cualquier caso, Ruiz insiste en que «la variabilidad del producto, en cuanto a ingredientes, cantidad de ellos y tratamientos, sea la que determine su valor nutricional, independientemente de que sea o no una marca conocida por el consumidor».
A modo de ejemplo, el informe de la OCU sugiere que «la leche de una marca puntera cuesta 0,99 euros el litro, mientras que si opta por la marca blanca del establecimiento, ahorrará de media un 25 por ciento. Una familia de cuatro miembros que desayune a diario un vaso de leche, zumo de naranjas y tostadas con margarina y mermelada, si en vez de comprar productos de primeras marcas ahorraría al cabo de un año sólo en el desayuno unos 235 euros». En cualquier caso, Guarro recomienda que «leer en la etiqueta la lista de ingredientes y la composición nutricional es la mejor garantía para escoger correctamente».
El alza de los productos frescos como la fruta, la verdura, la carne y el pescado, se ha disparado de forma espectacular en los últimos meses. En el caso de la carne, la de cerdo resulta más barata que la de ternera, pero la duda es si ofrece las mismas prestaciones nutricionales. Para Guarro, la de cerdo «goza de una inmerecida mala fama. Es una buena opción, siempre y cuando escojamos las partes menos grasas.
Aunque tiene colesterol, aporta menos que otros alimentos como el huevo, algunos quesos y la mantequilla». Dado que posee más grasa y calorías que la ternera «en algunas de sus partes –tocino, costilla, panceta, chuleta–, si nos limitamos a comparar las partes magras como el lomo o el solomillo, el contenido tanto en grasa como en calorías es similar a la ternera», añade la experta.
En este contexto, la OCU recomienda que «si va a comprar pollo y usa todas las piezas, puede interesarle comprar varios pollos enteros y pedirle al pollero que separe por un lado los filetes, por otro las alas y después los muslos dado que un kilo de pollo entero cuesta 2,63 euros, mientras que el kilo de filetes alcanza los 7.02 euros y el de las alas 4,11 euros». En el apartado del pescado puede hacer cuentas ya que, según la OCU, «una lubina de acuicultura puede comprarse por nueve euros el kilo, mientras que una salvaje alcanza los 49 euros el kilo». No hay que olvidar que, en muchos casos, se vende como salvaje un pescado que se ha criado en cautividad. Con el fin de ahorrar todavía más, los congelados son una alternativa a tener en cuenta. Ortega advierte de que aunque «el valor nutricional del congelado es algo inferior al fresco recién capturado, puede superarlo si lleven tiempo almacenados».
«Fast food» saludable
En tiempos de crisis, los establecimientos de comida rápida se sitúan como una solución muy económica y no tan poco saludable como algunos puedan pensar. En los últimos años, este tipo de cadenas han apostado por productos sanos como ensaladas, frutas y yogures. En concreto, Burger King acaba de lanzar BK Fresh Apple Fries Sticks de manzana cien por cien natural, sin aditivos, cortada en palitos y sin piel cuya forma es muy parecida a la de las patatas fritas. Un producto pensado para fomentar el consumo de fruta entre los niños y con el que la cadena refuerza su apuesta por la dieta equilibrada.
